Miércoles 2 de Junio de 2010, soy una persona con ojos para leer, boca para dialogar, orejas para escuchar y dedos para escribir. Hace unas semanas que no puedo concentrarme en mi trabajo que por estos días consiste en escribir un trabajo científico sobre la toxicidad del aluminio sobre embriones de anfibio, entonces me siento en el escritorio enciendo la computadora y leo noticias, blogs, debates o hablo con algún compañero y bebo mate, té, almuerzo; cualquier tipo de ingesta distractiva de la distracción es buena. El día de hoy no parecería ser especialmente especial, me tiene bastante atento el derrame de petróleo que se produce en el Golfo de Méjico desde el día 20 de Abril del corriente, porque encontré que hay una cámara submarina que transmite en vivo online las acciones tendientes a controlar el derrame a 1.500 metros de profundidad(http://www.bp.com/liveassets/bp_internet/globalbp/globalbp_uk_english/homepage/STAGING/local_assets/bp_homepage/html/rov_stream.html). Tengo en una ventana del explorador este website abierto y comento con un amigo vía chat las acciones que llevan adelante para tratar de controlar el derrame. Cortan caños con sierras diamantadas en la profundidad, mueven tuberías con lingas y todo filmado por Remote Operated Vehicles (ROVs), submarinos pequeños manejados por control remoto. Las imágenes son azul-verdosas como las algas, compensadas por el marrón del petróleo que se dirige hacia la superficie. En el mundo de hoy (como diría Fito Páez, albúm Confia, 2010) 1) dependemos económicamente de los hidrocarburos; 2) existe una gran probabilidad de que tengamos la certeza de que estemos produciendo un cambio climático global producido por las emisiones antrópicas de gases de efecto invernadero provenientes de la combustión de hidrocarburos; 3) contamos con plataformas off-shore (costa afuera) de extracción de combustibles fósiles que como vemos en este caso pueden explotar, derramando el valioso líquido oscuro y que por semanas no se puede controlar; 4) asimismo en la zona del Golfo de Méjico existen emanaciones submarinas de hidrocarburos que tendrían un efecto positivo sobre la biota y todo esto lo puedo observar yo en Sudamérica como cualquier persona en el mundo que este conectado vía worldwide web (www). Desconozco la relación que existe entre esta situación y en la incertidumbre que me genera tanta información y discuto del tema con un compañero de trabajo. Ambos somos becarios de Doctorado pagados por un organismo de investigación científico estatal y desarrollamos nuestras tareas en una organización no gubernamental de bien público (fundación). Sentimos que las investigaciones y publicaciones que llevamos adelante desde nuestro laboratorio no constituyen un aporte sustancial a la ciencia, y ello nos desmotiva. Hoy por hoy, en cuestiones de biología, la biología molecular y la genética son las musas de la ciencia. En este lugar no manejamos esas técnicas y nos dedicamos a evaluar efectos letales y subletales a nivel enzimático o metabólico de sustancias químicas sobre embriones de anfibios. En una etapa donde ambos finalizamos nuestras becas de Doctorado y podríamos optar por una beca post-doctoral o intentar ingresar a la carrera de investigador, debatímos la existencia de personas que llevan adelante la ciencia de forma apasionada y quiénes cumplen las horas rutinariamente como haría cualquier trabajador que realiza sus tareas por la remuneración salarial sin encontrar otro aliciente a su tarea. Romperse la cabeza tratando de hacer un experimento más novedoso y repetir innumerablemente, rutinariamente el mismo experimento constituyen maneras diversas y válidas de hacer ciencia. Sea para aportar nueva información al mundo o para brindar fortaleza estadística a resultados previamente obtenidos. Aparece la incertidumbre, la inquietud: ¿Considero este trabajo como uno de entre los tantos en los que las personas no obtienen más satisfacción que la económica para continuar haciéndolo? (la investigación científica no es bien paga en Sudamérica). O cambio de trabajo hacia uno que me satisfaga y en el que crea que aporto algo más importante a la sociedad. En muchas ocasiones me siento un parásito de este grupo humano recibiendo dinero público y escribiendo trabajos científicos sobre ecotoxicología que nadie (aparte de los revisores o pares) leerá, en comparación con un albañil que cementa ladrillos y construye paredes que luego pueden, entre otros usos posibles, ser chocadas por mi cabeza. La desazón diaria de entrar a este edificio con las paredes (y desde mi punto de vista también el alma) descascaradas, pero las comodidades del “malo conocido” que según el dicho popular es mejor que el “malo por conocer” me ponen en la disyuntiva de cómo continuar.
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